Sábado
del concurso canino.
Lamentablemente,
el jueves sufrí un accidente, el cual me había dejado muy golpeada y con una
herida inmensa en la rodilla. No asistí por recomendación de la enfermera y por
cuenta propia; con las justas podía ponerme de pie y no podía doblar la
rodilla. Al no poder ponerle gaza, mi herida estaba expuesta y, como el
concurso canino era en la pista atlética, la tierra y la suciedad hubieran
podido infectarla peor agravando mi estado.
Aproximadamente
a las 2 de la tarde pregunté pr como habían ido los perros, quien ganó, cosas
que me hubieran gustado ver. Yo había estado alentando a mi familia para ir,
compré pulseras para todos en mi casa, pero finalmente no pudimos ir.
Me
sentí triste, porque me parecía algo tonto quedarme en mi casa sin poder ver a
los animalitos vestidos, pero por otro lado, no tenía otra opción.
Creo
que no aprendí nada significante el sábado, pero sí el jueves. Aprendí a que
los amigos siempre estarán ahí cuando los necesites. Cueva y Chero fueron
quienes me llevaron cargada hacia la enfermería, pues no podía caminar por el
golpe muy fuerte en mi cadera. Se ensuciaron con mi sangre, pero seguían
apoyándome. No me puedo quejar, me hicieron sentir tan bien, pues corrieron,
junto con mis demás amigas y amigos para saber mi estado, en la tarde, los
mensajes volaban, fue impresionante. No puedo describir con palabras cómo me
sentí y lo cuan agradecida me siento de tener a todas estas personas a mi
alrededor. La amistad es lo que hace a uno más grande.
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